Una amiga me había pintado las uñas de los pies de color naranja fosforito. Estábamos en la playa y me estaba mirando los pies fijamente, pensando que si se quedara todo oscuro mis pies tendrían luz propia, y de repente cayó. Una pelota de voley-playa había caído sobre mi cara y revotado a continuación sobre mi cabeza. Iba a mandar a la mierda a aquel que me había lanzado la pelota, y entonces dejé de reaccionar para contemplar la belleza que me estaba pidiendo disculpas. A veces la suerte cae del cielo, quizás si aquella pelota no me hubiese revotado en la cabeza ahora no me estaría tomando un helado con él después de un año. ;)
Free Soul

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